Day Zero Family y Titanes de Tulum: deporte, comunidad y movilidad con propósito

Tulum, Quintana Roo — 8 de enero de 2026

En un contexto donde la sostenibilidad exige acciones concretas y compromisos de largo plazo, Day Zero Family reafirma su visión social con hechos tangibles. Como parte de sus Iniciativas de Sostenibilidad 2026, la plataforma llevó a cabo un partido amistoso junto al Club Titanes de Tulum, un encuentro que trasciende lo deportivo para convertirse en un símbolo de colaboración comunitaria, inclusión y transformación social.

Más allá del marcador, este partido representa la culminación de un esfuerzo colectivo construido durante varios años, así como una muestra clara de cómo la constancia, la escucha activa y el trabajo conjunto pueden generar impactos reales, duraderos y significativos en las comunidades locales.

El deporte como lenguaje universal y motor de cambio

Fundado y dirigido por Alejandro Murguía Monsalvo, conocido como Profe Alu, el Club Titanes de Tulum ha trabajado durante casi nueve años con niñas y niños de entre 2 y 11 años, utilizando el deporte como una herramienta de desarrollo integral, emocional y social.

Para Murguía, el fútbol es apenas el punto de partida.

“El fútbol es un pretexto. Lo que buscamos es que los niños crezcan felices, con valores, con confianza y en un ambiente de alegría”, explica.

Bajo esta filosofía, Titanes prioriza el trato humano, la cercanía y el acompañamiento emocional por encima de la competencia o los resultados. El club entiende que el verdadero impacto del deporte no se mide en trofeos, sino en la formación de personas seguras, empáticas y conscientes de su entorno.

Titanes Mini Van: movilidad que transforma realidades

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la presentación oficial de la Titanes Mini Van, una iniciativa impulsada por Grace Barros, Directora de Sostenibilidad de Day Zero, y concebida como parte de una visión de impacto social a largo plazo.

Durante tres años, Day Zero destinó recursos de manera constante y estratégica para hacer posible la adquisición de una van de 15 pasajeros, pensada para atender una necesidad crítica del club: la falta de transporte seguro y accesible.

Durante mucho tiempo, esta carencia limitó la participación de los niños en entrenamientos, partidos y torneos, especialmente aquellos que requerían traslados fuera de Tulum. La nueva unidad representa una solución estructural, que garantiza movilidad digna, segura y sostenible, abriendo la puerta a nuevas oportunidades deportivas y personales.

“Este proyecto nació de escuchar a la comunidad y entender que la sostenibilidad también significa cuidar de las personas. La van no es solo un vehículo: es una herramienta para abrir oportunidades y acompañar el crecimiento de estos niños”, comparte Grace Barros.

Una visión de sostenibilidad que trasciende el festival

Desde su origen, Day Zero ha construido un programa integral de sostenibilidad que va más allá del evento musical. Conservación ambiental, manejo responsable de residuos, reciclaje, arte, deporte y acciones comunitarias forman parte de una estrategia que busca generar un impacto positivo y permanente en los territorios donde opera.

La Titanes Mini Van refleja esta filosofía con claridad: no se trata de una acción aislada ni de un gesto simbólico, sino de un proyecto pensado, sostenido y ejecutado con responsabilidad, coherencia y visión de futuro.

Comunidad, gratitud y propósito compartido

El partido amistoso entre Titanes de Tulum y la Day Zero Family se convirtió en un espacio de encuentro y celebración de valores compartidos: inclusión, trabajo en equipo, gratitud y compromiso comunitario. Niños, entrenadores, familias y aliados se reunieron para confirmar que el verdadero impacto social se construye de manera colectiva.

“Para nosotros, el apoyo de Day Zero es clave. No se puede hacer nada solo. Tener aliados que creen en lo que hacemos y caminan con nosotros hace toda la diferencia”, concluye el Profe Alu.

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Con acciones como esta, Day Zero reafirma que la sostenibilidad no solo se mide en métricas ambientales, sino también en la capacidad de escuchar, acompañar y fortalecer a las comunidades, generando transformaciones que permanecen mucho después de que la música se apaga.

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